La Misa es el Sacrificio incruento de la Cruz

Ana Catalina Emmerick, religiosa alemana

Dice la venerable hermana Ana Catalina Emmerick, religiosa alemana estigmatizada:

El mismo divino Salvador es quien vive con nosotros en este orden, y se nos da en todo tiempo como Sacrificio y manjar para que todos seamos Uno sólo en él.

¡Cuán misericordiosa es la constante solicitud con que todos los días ofrece por nosotros de una manera incruenta a su eterno Padre en tantos miles de misas como se celebran, el sacrificio de expiación, su cruenta muerte de cruz!.

Este sacrificio, que se consumó en la cruz, es un sacrificio perpetuo, un sacrificio de eficacia imperecedera, siempre nueva, infinita, para bien de los hombres en el tiempo, que es finito y puede contarse y medirse.

Por lo cual desde que fue instituido por el Hijo de Dios hecho Hombre, este sacrificio se renueva y se repite, hasta que el tiempo no se pueda contar y pase la figura de este mundo, ofreciéndose el mismo Jesucristo por las manos del sacerdote legítimamente consagrado, aunque sea indigno, al eterno Padre bajo las especies de pan y de vino en sacrificio de expiación.

La Misa es el Sacrificio incruento de la Cruz

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